Antes de la llegada de las máquinas digitales, las "computadoras" eran personas. Miles de estos especialistas, a menudo mujeres, realizaban cálculos complejos a mano. Por ejemplo, en la década de...
Antes de la llegada de las máquinas digitales, las "computadoras" eran personas. Miles de estos especialistas, a menudo mujeres, realizaban cálculos complejos a mano. Por ejemplo, en la década de 1940, el Comité Asesor Nacional de Aeronáutica (NACA), predecesor de la NASA, empleaba a cientos de estas "calculadoras".
A partir de la década de 1880, las "computadoras de Harvard" —mujeres del Observatorio de Harvard— analizaron manualmente espectros estelares. Willemina Fleming descubrió 10 nuevas estrellas. Henrietta Leavitt, estudiando 1777 estrellas variables, derivó la ley de período-luminosidad de las cefeidas, clave para calcular distancias cósmicas.
Durante la Segunda Guerra Mundial, las "computadoras" del Campo de Pruebas de Aberdeen calculaban manualmente las tablas balísticas. Cada trayectoria requería 750 cálculos, ¡lo que llevaba 40 horas! Posteriormente, seis mujeres, entre ellas Kathleen Antonelli, se convirtieron en las primeras programadoras de ENIAC, una de las pioneras de la computación electrónica.
En la NASA, estas "computadoras vivientes" fueron clave para la carrera espacial. Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, del Centro de Investigación Langley, verificaron los cálculos más complejos de vuelos orbitales. En 1962, Johnson confirmó personalmente la trayectoria de John Glenn, garantizando así su regreso seguro.
Estas extraordinarias mujeres, que a menudo trabajaban en la sombra, realizaron innumerables cálculos, sentando las bases de la ciencia y la astronáutica modernas. Su precisión y labor intelectual hicieron posible lo que hoy parece rutinario, y su contribución sigue siendo indispensable.
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