Olvídese de la vieja regla de "rojo con carne, blanco con pescado". Es un mito. Los verdaderos conocedores saben que la clave está en la intensidad del sabor y la...
Olvídese de la vieja regla de "rojo con carne, blanco con pescado". Es un mito. Los verdaderos conocedores saben que la clave está en la intensidad del sabor y la textura del plato. Por ejemplo, el Cabernet Sauvignon marida a la perfección con el salmón graso.
Un suculento chuletón argentino de 300 gramos marida a la perfección con un robusto Shiraz australiano o un Burdeos. Un ligero Pinot Noir de Borgoña u Oregón, con sus notas de cereza, combina de maravilla con un tierno pato laqueado a la pekinesa.
El vino blanco no siempre marida a la perfección con el pescado. Un Chardonnay californiano envejecido en roble combina de maravilla con pollo juliana cremoso. Y el queso de cabra fresco del Valle del Loira marida magníficamente con un Sauvignon Blanc seco de la misma región.
Prueba el champán Brut con pollo frito o patatas fritas, un clásico inventado en Francia en la década de 1970. O un Riesling Mosel semiseco, que equilibra a la perfección el picante de la cocina tailandesa.
Recuerda: la acidez del vino debe armonizar con la grasa del plato. El dulzor debe ir con los postres, y la acidez con las proteínas. ¡Experimenta! La mejor opción es la que te produce placer. Descubre tu maridaje perfecto.
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