Un halcón peregrino, en picada para cazar, alcanza velocidades de 320 kilómetros por hora. Esto no es solo velocidad, es la cúspide de la agilidad aérea, con una precisión casi...
Un halcón peregrino, en picada para cazar, alcanza velocidades de 320 kilómetros por hora. Esto no es solo velocidad, es la cúspide de la agilidad aérea, con una precisión casi increíble en caída libre. En tierra, el guepardo es el campeón de la velocidad, acelerando a 110 km/h en segundos. Y el leopardo de las nieves salta hasta 15 metros, escalando los escarpados acantilados del Tien Shan con una gracia increíble. Los colibríes baten sus alas 80 veces por segundo, volando hacia atrás y planeando para recolectar néctar. Un pulpo sin huesos se desliza por una grieta del tamaño de una moneda, demostrando una agilidad e inteligencia asombrosas. Las ranas arborícolas, como la rana arborícola de ojos rojos de la selva tropical de Costa Rica, realizan caídas controladas, deslizándose entre las hojas. Sus patas están equipadas con discos adhesivos para un aterrizaje perfecto. Desde depredadores celestiales hasta maestros submarinos, la naturaleza asombra con millones de años de evolución. Ten en cuenta estas asombrosas adaptaciones la próxima vez que veas a un animal en acción.
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